ES tiempo de la preparación de la novia del cordero, son los tiempos finales; el mundo quiere destruir a Israel, en lo espiritual esto nos habla que quieren destruir a las familias siervas del Señor.
El propósito por el que fuimos creados, es para agradarle y servirle.
Cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido y cayeron, tuvieron conocimiento del bien y del mal, sintieron desnudez y Eva se cosió un delantal y Adán hizo lo mismo; ya no hubo servicio familiar, cada uno hacia lo que quería. Ya no existía el nosotros solo el “yo” importaba.
Jesús vino a este mundo, vino a servirnos y por medio de su humillación al desnudarse, vino a restituir el servicio.
Hoy en día en nuestras familias debe existir servicio mutuo de padres a hijos, y de hijos a padres. Debemos vivir el estereotipo de Cristo en nuestra familia.
Debemos dejar el “yo” y pensar en el beneficio de todos, servir a nuestra familia, dejar a un lado el machismo que se inculca en nuestras ciudades y ayudarnos unos a otros. Es muy común ver que en las casas solo sirven las mamás, esposos no ayudan a sus esposas ni a sus hijos; los hijos se levantan tarde y no ayudan tampoco en las labores de la casa. Pero nosotros debemos aprender de Cristo que es el modelo del servicio.
El rechazo va unido a la ira, por eso debemos tener cuidado en nuestra familia de no hacer favoritismos.
Los esposos deben preocuparse de agradarse y servirse mutuamente (1 Corintios 7:32,33)
Debemos servir al prójimo, como Cristo lo hizo; en estos tiempos podemos ver como la caballerosidad y la gentileza se está perdiendo; podemos ver a una viejecita que se moja por la lluvia y no ayudamos, todos piensan en si mismos y no ven las necesidades de los demás; si vamos en la calle. (Filipenses 2:13)
Para llegar a ser buen siervo, debemos pasar primero por ser el número 2 en servicio, debemos servir a otros siervos primero.
No podemos ir a la iglesia y ser buenos siervos si antes no servimos a nuestras familias en nuestras casas.
Debemos considerar primero a nuestro prójimo y luego en nosotros, porque Cristo pensó primero en nosotros. |