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En Mateo 25, vemos la preparación de las vírgenes, No habla de vírgenes no creyentes, eran 10 vírgenes número de totalidad humana. De los versos del 1 al 7 nos dice que todas tenían lámparas, aceite, luz, esperaban al esposo y sabían de su propósito. Habla de la totalidad del cuerpo místico de Cristo; todos los discípulos de Cristo.
Hay una versión antigua que dice que la novia que venía ya casada con el esposo, entonces eran 11, pero solo una se casó con el amado. Por eso dice: “Viene el esposo-ya casado-Salgan a recibirle” Las otras diez, cabecearon, se durmieron, (Verso 5) tipo de la apostasía.
La lámpara es sinónimo de que todas tenían testimonio exterior y la luz representa el testimonio interior, esa luz dependía de lo que tenían dentro las lámparas.
La santa unción es el símbolo de la novia del Señor, pero la unción depende de que tan llenos estemos por dentro. Hay algunos a quienes se les agota esa unción externa, porque por dentro ya no tienen la vida del Espíritu.
De esas 10 vírgenes cinco no tenían aceite extra, en otra vasija o recipiente y, cuando llegó el momento de acompañar a los desposados, corrieron a prepararse, pero ya era demasiado tarde. Quisieron obtener aceite de las otras, pero no pudieron, porque no se prepararon a tiempo. Hoy es el tiempo de prepararse, de perdonar, de humillarnos, de obedecer, de ejercitarnos en la fe, para que el aceite no falte en la venida gloriosa del Esposo de nuestras almas.
Cada uno tiene su propio aceite; es decir, su propia unción ministerial.
Hay 5 tipos de unciones (Efesios 4:11)
Mirra:
A Jesús lo ungieron con mirra cuando lo iban a adorar, en el Getsemaní el era la mirra machacada por nosotros y en la cruz, quisieron darle una mezcla de mirra con aceite para que bebiera, pero lo escupió.
La unción santa nos capacita para ser agradables a él, la mirra hay que escupirla, pero también sirve para morir a nosotros mismos. No debemos aceptar amargura en nuestro corazón.
La unción es la presencia agradada del Espíritu Santo, por lo que no depende de manifestaciones externas solamente, entre más morimos a nosotros mismos, más unción tenemos.
Un mago quiso pagar por el poder que vio en los apóstoles, pero la unción no se compra ni se vende. No se puede restringir la obra del Espíritu.
Cuando hay unción, las circunstancias no nos limitan el adorar, alabar y dar testimonio del favor de Dios. La Biblia declara: “Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino y resplandeciente…” La unción solo puede correr sobre ese lino fino que es tipo del amor, obediencia y servicio al Señor.
En Mateo 25:10 nos habla de la diferencia entre las vírgenes que se prepararon y las que no lo hicieron, así hay mucho pueblo de Dios que solo tiene religiosidad pero no tienen vida del Espíritu. La unción debe correr y alcanzar las cárceles, hospitales, lugares de pecado, gente sin esperanza. Hay gente que se pierde en la calle, pero otros se pierden en los púlpitos, en sillas de iglesia, en ministerios y posiciones eclesiásticas.
Cuando las cinco vírgenes que no se prepararon quisieron entrar, ya no pudieron y fueron tomadas por desconocidas y condenadas al exilio eterno.
La Canela:
La mirra nos enseña a morir y la canela nos enseña a perdonar, sin amargarnos. La mirra mata el “Yo”, pero la canela aquilata ese “Yo”. Lo triste es que a veces usamos mirra cuando debiéramos usar canela.
El Cálamo
Es para la guerra espiritual; es decir, ese componente en el aceite es como repelente a todo aquello que nos quiera robar la unción de Dios.
A Rut se le da la orden de lavarse, perfumarse y preparar sus vestidos (Ruth 3:3) Fue preparada con aceite de mirra por seis meses y luego con perfumes agradables de mujer.
El dolor no es para siempre. (Génesis 24) Rebeca es preparada por vírgenes, para casarse con Isaac.
En Cantares 1:2,3 Expresa el deseo de ser besada, con ungüentos derramados sobre sus vestidos para ser agradable.
En Cantares 3:6 se pregunta quién es la que viene perfumada, con aceites, rodeada de un desfile de guerreros, para protegerla del temor y de la destrucción.
Aceite:
Jesús fue ungido como rey y ahora vive dentro de nosotros, en cierta manera, somos ahora cristos; es decir, ungidos por el Ungido de Dios. El aceite se derrama sobre la cabeza, que es donde está el cerebro, los pensamientos y donde se maquinan las intenciones.
Un aceite es un perfume, un repelente, combustible, un laxante que purifica por dentro, un símbolo de realeza y de dedicación. El Espíritu Santo ha quedado como un símbolo de garantía que está presto a ser derramado en nosotros; para preservar, ungir y garantizar la naturaleza de Dios que ya está en nosotros.
La unción nos hace vencedores y nos pone en el lugar de ser elegidos para irnos con el Amado, en su pronta venida. |
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