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LA UNCION DEL PROFETA ELIAS

 
   

Domingo 23 de agosto de 2009

     

Malaquías 4

La unción del profeta Elías debe caer sobre las familias para que sean restauradas. No importa qué tanto el mundo se ha degradado, Dios es real y puede traer un espíritu de restauración en cualquier área de nuestras vidas. La solución no es la muerte, la violencia, ni el desenfreno, la solución es Cristo.

La unción profética de Elías está por venir, en el poder del Espíritu Santo y  cuando venga, va a presentar a Jesucristo como el que puede restaurar todas las cosas.

Apóstol Dr. Luis Morales

Dios puede hacer que los pródigos de nuestro tiempo sean restaurados y se vuelvan a Dios, que las samaritanas de hoy encuentren al verdadero amor de su vida, al que puede saciar toda sed y hambre espiritual de la humanidad.
Sin embargo, el reino de Dios debe venir con autoridad y señorío porque hay que arrebatarlo con determinación, porque la violencia que sufre es extrema y lo que el mundo está sufriendo requiere de decisión; de tomar, abrazar, arrebatar con firmeza lo único que puede hacerle libre, Cristo es libertad y vida eterna.

En Salmos encontramos esta maravillosa expresión:
Alzaré mis ojos a los montes; de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y  la tierra…Jehová te guardará de todo mal; el cuidará tu alma; el sol no te fatigará de día, ni la luna de noche…
Es tiempo de ver bajo la unción del Espíritu Santo a nuestra economía restaurada, nuestros hijos cambiados, nuestro matrimonio bendecido, nuestra empresa prosperada.

La unción del profeta Elías es la anunciación de todas las cosas gloriosas que vienen para la iglesia, pero si esta se vuelve a Cristo y a la guianza del Espíritu Santo.

El fuego que pidió el profeta, va a quemar lazos de cautiverio, maldad, pecado, idolatría, desesperación, tristeza, soledad y  todo aquello que nos limita la bendición del Señor. Cuando nos falte algo, podemos tomar para nosotros la palabra profética: “Mi Dios pues, suplirá todo lo que nos hace falta”,
Mi Dios me sana, Mi Dios me da fuerzas, Mi Dios es real. El no dejará ni desamparará la obra de sus manos.

Para que las promesas de Dios se cumplan, deben primero cumplirse los principios determinados por Dios en su Palabra.

Para salir de la crisis el Señor dice:
Pruébame, dame la parte que me corresponde, darme en diezmos y primicias; y verás si no soy capaz de abrirte las puertas y ventanas de los cielos, hasta que sobreabunde bendición sobre ti.
El diezmo no es sino una pequeña muestra de nuestro amor para Dios y eso hace que El reprenda al devorador por nosotros.

Dios no quiere escribir en corazones de piedra, sino en corazones de carne, sensibles y obedientes. Cuando dejamos que su mano escriba en lo más interno de nuestro ser, reaccionamos en amor y agradecimiento para con El.

Como en cuando Dios le envió cuervos a alimentar a Elías, así Dios es quien envía ángeles y servidores suyos en nuestro favor.
El espíritu de Elías va a venir a ese nivel en estos últimos tiempos, para operar sobrenaturalmente en beneficio de los hijos de Dios. El espíritu de muerte no va a afectar a los hijos de Dios que han decidido estar dentro de la casa marcada con la unción del poder del nombre de Cristo.
El sol, la luna, los planetas, toda la creación sirve y obedece a la palabra de Dios, a la orden que él les envíe.

Hay que disfrutar cada una de las bendiciones que Dios nos envía, a través de nuestros hijos, cónyuge, padres, hermanos, etc.

Es el tiempo en que Dios hará cosas tremendas que nos sorprenderán, al hacer volver nuestro corazón a la obediencia y amor de su Nombre.

El valor que tenemos viene garantizado con el ADN celestial, por la sangre de Cristo. No debe limitarnos el momento que podamos estar pasando, la bendición de Dios viene, el cambio transformador viene; como la oruga metida en el capullo para luego ser transformada en una preciosa mariposa. Solo tengamos cuidado en el uso que le damos a nuestra lengua, para no usarla para muerte y destrucción, sino para vida y edificación, porque todo lo que el hombre siembre, eso también cosechará.

Debemos volvernos a la vida de fe en Cristo Jesús, para no depender de las circunstancias ni de los acontecimientos humanos. Sin fe es imposible agradar a Dios y nuestra fe no avergüenza.

Si el pecado produce muerte, Cristo produce vida. Cuando Dios ve que se le agrada, es entonces que derrama su beneplácito por medio de unción, milagros, sanidades, prodigios y maravillas.