|
|
Para ser novia hay que evidenciar frutos y rasgos que cada creyente debe medir ante Dios. Los frutos dignos de arrepentimiento; preparación, separación y abstinencia de pecado, esos son apenas unas cuantas cualidades y requisitos de la llamada iglesia-novia.
Ese proceso solo puede darse por revelación y sometimiento a las instrucciones del Espíritu Santo. La identidad revela quiénes somos y nos garantiza lo que el Espíritu certifica que somos, sin necesidad de pretender ser algo diferente o lo que realmente no somos.
Eliseo sirvió a Elías, Josué a Moisés, Eliezer a Abraham, por mencionar algunos ejemplos, pero lo hicieron con la convicción de saber a quién realmente servían y lo hicieron con alegría. Hoy, de la misma manera la Palabra nos invita a servir a nuestros líderes, padres espirituales y autoridades, como evidencia de nuestro sometimiento a Dios y aprecio por el alimento y vida espiritual que recibimos a través de ellos.
Abraham representa al Padre Celestial que es riquísimo y su promesa es que no nos dejará ni nos desamparará; no habrá justo desamparado ni sus hijos mendigando pan. Por supuesto que eso conlleva esfuerzo, sacrificio, perseverancia y mucha disciplina. Dios promete que nuestro final va a ser mucho más grande que nuestro inicio, El ha jurado por su propio nombre que nos bendecirá y siempre su presencia irá con nosotros, si le obedecemos y no desmayamos.
Cuando alguien sirve con murmuración, chisme o crítica es como querer ofrecer agua sucia a Dios para que beba.
Los talentos no son nuestros, Dios nos los ha dado para ponerlos a trabajar y producir y de ellos tendremos que dar cuenta. Nadie que no honre al Hijo y le reconozca como Señor y Salvador puede tener acceso al Padre ni a sus riquezas, favores y bondades. Rebeca fue llevada donde Isaac por Eliezer, para después conocer a Abraham. Como un velo sobre la cabeza de una mujer es nada si no hay obediencia y sujeción en amor, igual es la religión sin presencia y agrado del Altísimo. Rebeca puso velo sobre su cabeza en señal de sometimiento a Isaac y Abraham.
El servicio de Rebeca al dar de beber mucha agua a los camellos le aseguró, sin saberlo, todas las riquezas, beneficios y bendiciones postreras, pero, primero sirvió con toda liberalidad.
Rebeca fue recibida por Isaac, María por José, amor y estas mujeres fueron de mucho bien para ellos.
Rebeca preguntó quién era aquel varón que venía hacia ella y enfocó su mirada hacia él; La iglesia hoy debe hacer lo mismo con Cristo: Amarlo, venerarlo, desearlo, servirle y obedecerle. No podemos cambiar el mensaje más importante del mundo, por simples discursos o clases de cómo ser prósperos temporalmente, perdiendo de vista lo más importante.
Es tiempo de guardarnos para nuestro Amado, desechando lo que intente distraernos de su presencia. Debemos llevar al altar del sacrificio todo aquello que represente freno en nuestra santidad, para que se queme del todo y Dios vea nuestra rendición genuina y suba nuestra ofrenda como algo agradable y acepto delante de su presencia. |
|