LAS MUERTES DE JESUS

 
 
Domingo 08 de Junio 2008
 
 
 
     
 

Isaias 53:8-9 De la cárcel y del juicio se lo llevaron a la muerte. Pero ¿Quién entre el pueblo de aquel tiempo se dio cuenta de que era oir por los pecados de ellos que ÉL moría, que ÉL sufría el castigo que a ellos correspondía?. Lo sepultaron como a delicuente en la tumba de un rico; pero ÉL no había hecho mal alguno; jamás pronunció una palabra perversa.

 
 
Apóstol Dr. Luis A. Morales
 
 
 
 

El tabernáculo de Moisés tiene exquisitas figuras de lo que es la muerte de Jesús, sus padecimientos, sus maltratos, etc.  Este tabernáculo tiene forma de cruz y las personas cuando tenían que entrar al tabernáculo tenían que hacerlo arrastrados, pues tenían que levantar las cortinas y entrar arrastrados, a los sacerdotes las bañaban y los vestían para poder entrar al tabernáculo. Las victimas que el pueblo traía representaban a Jesús. A las víctimas se les amarraba al altar así como a Jesús se les hizo, todos los animales que llevaban al altar representaban a Jesús, todas las ofrendas tenían que inmolarlas, hacerlas pedazos y volverlas cenizas. Cristo fue quemado, pues bajo hasta lo profundo de la tierra y fue quemado, desde génesis  hasta el apocalipsis hablan de este tema.

 

 


Nuestro gran sacrificio no es nuestra alabanza, nuestro templo, los músicos o algo así, nuestra gran ofrenda es Cristo, es Jesús. El propósito de predicar este tema es que  amar más a Jesús.

Isaías 53:2  Cristo no encontró un lugar donde sostenerse en esta tierra, no tuvo un lugar donde aferrarse, no encontró aplausos, no encontró estímulos, por eso estuvo siempre aferrado a su Padre, es decir, Dios.

Isaías 53:3  Cristo fue despreciado por los hombres, por sus hermanos, aún su propia madre.
El libro de Marcos y Hebreos  hablan que Cristo fue tentado en todo, puede que haya recibido propuestas de homosexualismo, de masturbación,  o de  fornicación, pero Cristo salió vencedor en todo. Todos los humanos pecamos, si decimos que no hemos pecado hacemos a Dios mentiroso, tenemos que limpiarnos en la sangre de Cristo y no ser sepulcros blanqueados.

Un sepulcro blanqueado es el que aparenta santidad en la iglesia pero Dios sabe y él mismo también cuanta suciedad hay en su corazón. Los sepulcros blanqueados denigran a los demás, murmuran critican y destruyen a los demás hermanos de la iglesia. Muchas iglesias son los lugares donde matan a sus heridos, donde al que pecó lo hunden. Un verdadero hijo de Dios cuando sabe de algún pecado de algún hermano debe de hablar con él para ayudarlo no para destruirlo, de lo contrario es un sepulcro blanqueado.

Todos somos pecadores, es cierto, pero bienaventurado el varón a quién Dios no culpa de pecado, pues ha lavado sus vestiduras en la sangre del cordero. Si un hermano está herido por el pecado debemos ayudarlo y bendecirlo, pues cuantas veces nos ha ayudado Cristo a nosotros. Los sufrimientos de Cristo deben de hacernos odiar al pecado y  amar más a Jesús.

Isaías 53:4  Cristo sufrió todos nuestros dolores, herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados y por su llaga fuimos sanados.  En las muertes de Cristo él venció al pecado, a las enfermedades, al diablo etc. Nuestra victoria está en las muertes de Jesús. Cristo es la propiciación por nuestros pecados. Cristo sufrió las tres muertes.

La  crucifixión fue la peor muerte que los persas inventaron y luego fue trasladada a los fenicios  y después a los romanos, ésta muerte solo se aplicaba a los sindicados de  homicidio o sedición.  El crucificado moría por asfixia lentamente, pues al tener los brazos extendidos al máximo no podía extraer el aire de sus pulmones.

Cada cosa que hagamos pensemos en Jesús.   Cada simple cosa que hagamos pensemos en Jesús. Que las muertes de Cristo nos hagan amarlos más, que las muertes de Cristo nos hagan adorarle más, nos hagan comprometernos, servirles más. Que las muertes de Cristo nos hagan santificarnos más, consagrarnos más.